lunes, 21 de febrero de 2011

Tener buena circulación y cómo lograrla

A veces pensamos que solo las cremas y tratamientos cosméticos pueden hacernos lucir una piel hermosa. Si bien contribuyen a que tenga buen aspecto, su efecto no es tan potente como el que proporciona un estilo de vida saludable.

Esto implica ser constantes en el consumo de una dieta balanceada y la práctica de alguna actividad física a fin de lograr el equilibrio orgánico y mental. Especialmente, gozar de una buena circulación, que resulta más beneficioso que los “menjunjes de belleza” que nos ponemos religiosamente (aunque lo ideal es que se usen complementariamente).

Con la circulación se nutre y oxigena las células a través de la sangre. A la par, se recogen las sustancias de desecho para que sean eliminadas del cuerpo. Ello deriva – entre otras cosas- en una piel elástica, tersa y lozana que refleja el funcionamiento interno de nuestro organismo.

Como lo más parecido a la fuente de la juventud, es casi obligatorio poner en práctica los “hábitos circulatorios”. Por ejemplo, estirar brazos y piernas al levantarnos. Y caminar, trotar o correr durante media hora para acelerar el fluido sanguíneo.

Otra rutina altamente recomendable consiste en trabajar sobre una colchoneta ejercicios para las piernas y rodillas, haciendo estiramientos y flexiones en alto. Del mismo modo, tomar nuestra “siesta de belleza” con los pies en alto sobre un par de cojines o el brazo del sofá.

Además, es muy importante consumir líquidos para la oxigenación de las células. De preferencia agua e infusiones depurativas, como el té verde. Así nos olvidaremos del sobrepeso, los problemas cardiacos, las várices, celulitis y dolores musculares ocasionados por la vida sedentaria y con pobre circulación.

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