miércoles, 2 de marzo de 2011

El corazón

El corazón es símbolo de la calidez humana y de los buenos afectos. Pero cuando es abrumado por la ansiedad y otros negativos estados emocionales, el calor que alberga en su interior se convierte en un horno de toxinas acorralado por fermentaciones pectorales, que literalmente pueden hacerlo partir de este mundo.

De la expresión angina pectoris -traducida como pecho angosto- se deriva la palabra angustia. Esta “estrechez emocional” corresponde a un síndrome en el que la dieta tiene un papel fundamental.

Si a nuestros padecimientos anímicos les sumamos el consumo diario de alimentos ricos en grasas saturadas y otras “perlitas” con altas calorías dañinas, tendremos como resultado un corazón doblemente dañado. Al ingerir grasas que se impregnan en él y además acalorarlo con ansiedades y/o cóleras incontrolables, quizá no nos quede mucho tiempo para dotarlo del entusiasmo perdido poco a poco por efectos de un estilo de vida que no es precisamente el más adecuado.

Los corazones de carne grasosa acrecientan las preocupaciones e insomnios y contribuyen a la creación de un mundo interno de confusión. En casos severos, la obesidad de este vital y a la vez vulnerable órgano hace posible el desencadenamiento de enfermedades mentales, como la demencia, con el consiguiente empeoramiento de su condición.

Los pacientes con depresión severa tienen el triple de posibilidades de morir por causas cardíacas y quienes padecen de ansiedad son 4 ½ veces más propensos a sufrir infartos.

Se ha dicho que las enfermedades del corazón son la primera causa de mortalidad en el mundo. Pero también habría que añadir que son las primeras que ocasionan ansiedad, sufrimiento y hasta miseria entre los vivos. ¿Estamos haciendo algo porque su calidez espiritual se mantenga?

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada